Hoy hemos sido testigos de cómo una mujer que recibió un día un mensaje de un ángel (que vete tú a saber qué es lo que fue aquella experiencia), tuvo la valentía y la confianza suficiente para, durante toda su vida, poner su esperanza e ilusión en el Señor.
Y cómo desde el principio le fue reconocido ese mérito en boca de su propia familia: Isabel nada más verla llegar sintió cómo su hijo le empujaba (no sólo físicamente) a alabar a Dios por lo que había hecho con su prima de apenas 14 años: ‘Bendita tú entre las mujeres’.
Aunque lo que más nos importa, tal vez, es que gracias a ella se hizo la luz en el mundo; no es que diera a luz sólo a un niño, sino que ese niño verdaderamente iluminó las vidas de los que tenía a su alrededor y aún hoy sigue iluminando las nuestras.
En estas fechas de Navidad, se nos pide que nosotros también seamos luz para los que tenemos a nuestro alrededor: vecinos, amigos, familiares…pero de una forma concreta. No va a venir Dios a hacer un milagro, lo vamos a hacer nosotros. ¿Cómo? Compartiendo, dedicando tiempo a los demás, gastando nuestra vida para que este mundo sea mejor a nuestro alrededor… Todo ello desde el Señor, desde su ser, desde su corazón , desde nuestra vivencia de su Palabra, desde la luz de su vida, desde el testimonio de su Madre, María, que esperó y esperó a pesar de ver a su hijo en la cruz porque un día, nadie sabe cómo, un ángel le dijo que venía de parte de Dios…






