
Sal y luz…
febrero 5, 2011San Pablo fue un Apóstol sin igual; fue pateado, apedreado, malherido, fustigado, insultado…y algunas veces tuvo que huir escondido para que no lo mataran. Aún así, continuó durante toda su vida anunciando que JESÚS es el SEÑOR, que MURIÓ y RESUCITÓ; sin descanso, sin tregua…a veces lleno de fuerza y convirtiendo a multitudes con sus palabras llenas de sabiduría y a veces agotado y perdido sin convertir ni a uno solo.
Pero seguía adelante porque sabía que JESÚS ESTABA CON ÉL.
Me sorprendo a mí mismo viéndome vencido porque no hay jóvenes en la parroquia o porque en mi comunidad no se toman las cosas en serio…pero ¿quien soy yo para juzgar? y ¿desde cuando Dios hace las cosas a lo grande? No nos dice que seamos GRANDES y ALUCINANTES sino pequeños como la SAL, la LEVADURA, la SEMILLA….y que siempre se vea la LUZ de DIOS en lo que hacemos; que no nos gloriemos más que en el Señor, que no seamos más que vehículo para llevar al Señor. Pues así sea.

