“Lo que interesa en nuestra vida es orar.
La oración es la palabra que mueve al mundo.
La oración es la palabra que mueve a Dios”
Diego Ernesto Wilson
El problema de la oración no es la metodología; el problema de la oración es ponerse a orar.
Para orar hemos de poner nuestra vida en juego, y eso es lo que muchas veces no nos apetece o no nos gusta. Y no nos damos cuenta que adentrándonos en nuestra vida no hacemos sino encontrarnos con Dios: un Dios que nos ama personalmente y que nos empuja a amar personalmente a las personas que tenemos a nuestro alrededor, sean quienes sean, sin acepción, al estilo de Jesús.
Y es que hay tantas formas de orar como personas que oran existen; ya lo hemos dicho, pero lo reiteramos: da igual cómo, pero desde dentro de mi ser, porque estaré, hablaré con El que sé que me ama.
Un hábito, no una costumbre, que podemos hacer de forma expresa (dedicando tiempo para la oración, ‘quemando’ el tiempo para Dios) o de presencia (que nos acerca a Dios al mundo y viceversa). Son dos caras que hemos de conjugar lo que, como Jesús, somos laicos: ser contemplativos en el mundo.
Nadie dijo que fuera fácil…ni tampoco lo contrario. ¿Una forma? Busca una de las cientos de páginas que te envían el Evangelio del día a tu correo y léelo cada día desde tu vida. Es un ratito, es una forma de empezar…no hay excusas. ¡Ten ánimo! Nos encontramos en el camino.



