“Mirad que subimos a Jerusalén” (Marcos 10,33)
¿Para qué ir a Jerusalén? – se preguntaban los discípulos de Jesús. Sabían que la cosa estaba cada vez más complicada y que allí no habría nada bueno ni para ellos ni para el Maestro.
Pero Jesús lo tiene claro. Si ha de ser fiel hasta el final, lo ha de ser también allá donde no es bien recibido; si ha de confiar en su Padre, lo ha de hacer también en los momentos de confusión.
¿Cómo es nuestra vida? A veces ante la dificultad cedemos y cuando nos vemos presionados, abandonamos. No me extraña, porque somos humanos , ni a Jesús tampoco, pero ya es hora que seamos nosotros los que acompañemos a Jesús a Jerusalén sin miedo, a celebrar la Pascua del Señor, el Paso de Dios por nuestras vidas y así cuando vengan las dificultades (algunos ya están inmersos en ellas), cuando sintamos la presión de la vida que nos empuja a todas direcciones excepto a donde nos lleva el corazón, ahora sí, digo, vamos a permanecer fieles a nuestros principios y confiados en nuestro Padre que , aunque no lo veamos ni escuchemos directamente, está a nuestro lado y nos pide a boca llena que aliviemos la carga de nuestros hermanos en lugar de preocuparnos de las nuestras, que atendamos las necesidades del otro en vez de satisfacer las que tenemos y que haciendo eso ni nuestras cargas nos parecerán tan pesadas ni nuestras preocupaciones tan severas.
Jesús sabe que en el momento que salimos de nosotros y vivimos para el otro, la vida cambia…para siempre.
Mantengámonos firmes en la fe y comencemos desde hoy a preocuparnos por hacer más fácil la vida de los demás…así tal vez nuestros vecinos, amigos o los desconocidos que nos rodean encuentren esta Semana Santa un cirineo o cirinea que, al igual que al Señor, alivie su carga.
Así sea.

Se necesita un Cirineo


