Cuando el Espíritu llegó en Pentecostés, los apóstoles , que estaban encerrados por miedo a que los mataran a ellos también al igual que a Jesús, salieron y proclamaron a un Cristo que ellos mismos habían visto resucitado (en las apariciones). ¿Quién es el Espíritu que los impulsa a salir afuera? ¿Cómo es posible que actúe en sus corazones?
Sin duda el Espíritu es la FUERZA de DIOS , pero ésta no se entiende sino como el abajarse donde está el desvalido, facilitar el camino al otro, retirar el peso del oprimido, tener entrañas de misericordia. Todo esto impulsó a los apóstoles porque ellos mismos habían visto ANTES a Jesús realizando estos ‘prodigios’ día a día con quien se encontraba por el camino.
La otra clave, la que permite que no pierdan esa conexión, es María. Alrededor de ella se reunían los apóstoles; más bien ella se ocupaba de que estuvieran reunidos en nombre de su hijo. Y esta unión con la Madre de Dios hizo posible el momento y lugares precisos para que el milagro se realizara : la venida del Espíritu en sus corazones.
Pidamos hoy más que nunca ese mismo Espíritu y no olvidemos hacerlo desde estos dos pilares: la fuerza de Dios (que somos nosotros en la medida en que lo hacemos presente) y la confianza en nuestra madre que, como sabemos, siempre quiere lo mejor para sus hijos. Feliz Pentecostés.
