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Alabaré a mi Señor

marzo 30, 2009

Este domingo el Pueblo de Dios está loco de alegría: va a recibir en Jerusalén nada más y nada menos que al mismo Jesús, al Señor. Muchos y muchas le gritarán como los niños:”¡Hosanna al que viene en nombre del Señor!” y otros sonreirán de alegría al pensar que se acerca la liberación de su pueblo.
Todos ellos alababan al Señor con ramos, con flores, con alegres colores en los pañuelos que a su paso ponían para que el pollino, símbolo de realeza, pisara con sus pezuñas, ese día hermosas, por cuanto que en sus envidiados lomos llevaran al mismo Dios…
Pero nadie comprendio el plan de Dios Padre-Madre…
La alabanza que merece nuestro Dios es la que hablan nuestras vidas, la que nos hace ( o no) vivir en Espíritu y en Verdad, o sea, la que nuestro propio ser grita en cada momento.

Los caminos del Señor son nuevos en cada día, en cada momento, y si nosotros somos tan ingénuos de celebrar la llegada de Dios a nuestra vida pero a la hora de subir al calvario nos quedamos abajo lamentándonos del esfuerzo, del fruto, de todo lo que queríamos que fuera y no es…entonces nuestros gritos no tienen vida, nuestros esfuerzos no valen…al no hacerlo como Él quiere, damos la vida de balde…

¡Cuánta vida para dar cuando tanto está muriendo! “Señor, no entiendo nada, pero que se haga tu voluntad y no la mía”

Seamos como nuestro patrón Juan: fiel, joven, de confianza…hasta el final.

Así sea.

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A Jerusalen…¿para qué?

marzo 19, 2009

“Mirad que subimos a Jerusalén” (Marcos 10,33)

¿Para qué ir a Jerusalén? – se preguntaban los discípulos de Jesús. Sabían que la cosa estaba cada vez más complicada y que allí no habría nada bueno ni para ellos ni para el Maestro.

Pero Jesús lo tiene claro. Si ha de ser fiel hasta el final, lo ha de ser también allá donde no es bien recibido; si ha de confiar en su Padre, lo ha de hacer también en los momentos de confusión.

¿Cómo es nuestra vida? A veces ante la dificultad cedemos y cuando nos vemos presionados, abandonamos. No me extraña, porque somos humanos , ni a Jesús tampoco, pero ya es hora que seamos nosotros los que acompañemos a Jesús a Jerusalén sin miedo, a celebrar la Pascua del Señor, el Paso de Dios por nuestras vidas y así cuando vengan las dificultades (algunos ya están inmersos en ellas), cuando sintamos la presión de la vida que nos empuja a todas direcciones excepto a donde nos lleva el corazón, ahora sí, digo, vamos a permanecer fieles a nuestros principios y confiados en nuestro Padre que , aunque no lo veamos ni escuchemos directamente, está a nuestro lado y nos pide a boca llena que aliviemos la carga de nuestros hermanos en lugar de preocuparnos de las nuestras, que atendamos las necesidades del otro en vez de satisfacer las que tenemos y que haciendo eso ni nuestras cargas nos parecerán tan pesadas ni nuestras preocupaciones tan severas.

Jesús sabe que en el momento que salimos de nosotros y vivimos para el otro, la vida cambia…para siempre.

Mantengámonos firmes en la fe y comencemos desde hoy a preocuparnos por hacer más fácil la vida de los demás…así tal vez nuestros vecinos, amigos o los desconocidos que nos rodean encuentren esta Semana Santa un cirineo o cirinea que, al igual que al Señor, alivie su carga.

Así sea.

Se necesita un Cirineo

Se necesita un Cirineo

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