Para hacer una buena tortilla hacen falta huevos. Pero aun teniendo todos los ingredientes, a saber, aceite, sal, patatas y cebolla (al que le guste también le puede echar pimientos, etc) nos hace falta el recipiente y aun teniendo el recipiente y los ingredientes necesitamos algo fundamental: fuego.
Trasladar esto a nuestras vidas no parece tan complejo; basta identificar a la sartén con nuestro contexto (la comunidad, el trabajo, etc) , a los ingredientes con lo que cada uno tenemos o ponemos en juego (porque unos le echan muchos huevos al asunto y otros algo menos) y el fuego, pues digamos que para nosotros, que somos cristianos, el fuego es el del Espíritu del Señor, el que nos hace llamar papaíto a Dios.
Claro, con todo eso, la vida, los dones, un contexto y el fuego del Espíritu, se puede empezar a cocinar una buena tortilla. Pero hay en la vida un momento en el que el Señor nos pide algo más, una vuelta de tuerca: darle la vuelta a la tortilla. ¿Por qué? Porque si no nos quemamos (como la tortilla si la dejo por el mismo lado) de tanta monotonía, falta de motivación, siempre lo mismo, es que nadie me llama o como queramos llamarlo (cada cual que escoja). Y además, es la única manera de que la tortilla s
e haga fenomenal y acabe con un doradito de los buenos por cada lado.
Y eso, ¿cómo se hace? Pues ya lo dice Jesús: Bienaventurados los pobres, los que sufren, los que lloran, los que trabajan por la paz, los misericordiosos, etc. Y eso, ¿cómo se come? Haciéndonos no sujetos pacientes de las bienaventuranzas como solemos pensar, sino sujetos agentes de la tortilla; o sea, que cogemos al toro por los cuernos y somos nosotros los que hacemos estas bienaventuranzas realidad: consolando al que llora, ofreciéndole lo más al pobre (el cielo del que se habla), defendiendo al que sufre la injusticia, aprendiendo de los que perdonana y viven en paz, etc.
O sea, dándole la vuelta a la tortilla de nuestra vida. Pues eso es lo que nos propone el Señor esta semana. Dejemos que sea la Virgen la que coja la sartén por el mango.
Así sea.