En esta época en la que se nos pide testimonio de Mies y de santidad, hemos de estar unidos entre nosotros y unidos al Señor. Si queremos continuar en el discipulado que Jesús comenzó entre nosotros, hemos de confiar en que, aunque dormido, está en la barca con nosotros. No nos pongamos nerviosos ni nerviosas: dejémosle a Él calmar la tempestad.
Pero ¡cuidado! Vaya a ser que los que estemos dormidos seamos nosotros. No podemos olvidar las palabras del Maestro: “Velad y orad” Mc 13,33. Estemos por tanto atentos a los demás y ayudémonos a despertar unos a otros para reunirnos alrededor del que es Todo Bien, Sumo Bien, nuestra fuerza: el Señor.


