Hemos celebrado recientemente el día de la Santísima Trinidad y para muchos y muchas ha pasado desapercibido. Tal vez no entendemos bien su significado concreto en nuestras vidas.
Ser perfectos como nuestro Padre lo es adquiere en este día una significación especial: Dios actúa como Padre, Hijo y Espíritu Santo en la historia de las personas (las que creemos y las que no) y tal es el fin al que estamos abocados los que decimos ser cristianos.
Ser como el Padre implica no sólo ser creadores, sino creativos y acogedores (ver parábola del hijo pródigo) en nuestras vidas, por lo que no cabe el aburrimiento ni la desidia, sino más bien a abrirnos al otro/a, acoger al otro/a y facilitarle la vida siendo para los demás como un padre (o una madre, lo que nos acerque más a Dios)
Ser como el Hijo nos evoca la coherencia de vida y la obediencia al padre, pero también nos enseña que nos hemos de dejar cuidar por los demás (nuestros ‘padres’) y nos abre la vida a la lucha por los demás, especialmente por los más pobres.
Por último, acercarnos al Espíritu Santo nos invita a ser la fuerza de los demás, su ánimo, su empuje, sus manos donde no lleguen, sus alas que les hagan volar a sus sueños, a su encuentro con Dios…
Hermanos y hermanas, la tarea no es chica. Pero nuestra Esperranza, como Mies que somos, es más grande en el Señor que en nuestras fuerzas, por lo que nos resta Orar y Luchar para hacer este mandato, ser como dioses, real en nuestras vidas. Así sea.


