¿El cuerpo de Cristo? ¿Qué es eso? o más bien ¿Quién es ese? o aún mejor ¿Quiénes somos ese? Porque no olvidemos que Cristo es la cabeza y nosotros formamos Su cuerpo…entre todos…los hombres y mujeres de hoy, pero también los que ya murieron (y resucitaron) y los que habrán de nacer, ser, vivir, morir…el Cuerpo de Cristo es ese Todo, atemporal, personal y apersonal, que excede nuestras espectativas, que nos completa como humanidad redimida, la sufriente, la doliente, la socorrida, la abandonada, pero también la que acompaña, acoge, consuela, abraza…
Todo eso sucede inexplicablemente cada año, más aún, cada día, cada instante en el que conectamos con ese Todo, con ese Cuerpo, con su Cabeza, con Cristo.
Y todo lo que nos perdemos al no estar en su sintonía…
Perdemos conectar con el otro, ser con el otro, profundizar con el otro…Cada vez que negamos al otro nuestro yo, nos lo negamos a nosotros mismos. Cada vez que no somos capaces de compartir-nos, nos perdemos la aportación del otro, nos perdemos la contemplación del otro, nos perdemos, en definitiva, a nosotros mismos. Porque todos formamos parte de ese mismo cuerpo, que es Cristo, y no seremos uno sin ser uno con los otros.
Así que si a veces pienso que si fuera ‘por mis hermanos nunca abría Reino‘, he de ser ‘para ellos mucho más tierno‘ porque ellos, y no otros, ‘son las luces de este invierno‘.
El que tenga oídos para oir…


