Misericordia, Señor.

La Misericordia de Dios necesita de la misericordia humana para realizarse.
Cuando una persona ha experimentado la de Dios, no es indiferente a la miseria humana, pues no lo han sido con la suya.
Su vida no será sino hacer de puente entre ellos y Dios para que éstos alcancen la Misericordia que ellos han vivido: con su misericordia se convierten en agentes de Misericordia y propician y hacen real la salvación.

Porque saberse salvado no es más que experimentar esa Misericordia: la de una Persona que te Ama desinteresadamente, con un amor incondicional.
Y esa experiencia de salvación es precisamente lo que han experimentado esas personas que cogen con una mano al pecador , como decía Péguy, y con la otra se la estrechan a Jesús: su misericordia los hace semejantes al Padre y a eso estamos llamados, a ser como Él que ya desde el principio nos creó a su imagen y semejanza.

Por eso, no busquemos entre los muertos al que está vivo: buceemos más bien en nuestro interior en busca de esa semilla de semejanza: en busca de la Misericordia de Dios.

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Empezar no. Continuar.

Una vorágine de fiesta y comilonas (los que vivimos en el primer mundo, claro) en estos días en los que hemos comenzado un año nuevo (el cristiano, a principio de Adviento) y vamos a comenzar otro (el 2016).

Es un momento bueno para reflexionar sobre lo que ha ocurrido: hemos conocido a tal y cual persona, hemos conseguido este y este éxito, nos arrepentimos de tal y cual, he profundizado en este y aquel tema, tengo esto pendiente…

Pero que no nos engañen con que “año nuevo, vida nueva“. Ni es año nuevo, ni la vida es nueva. Me explico. El año (que es una medida de tiempo que necesitamos las personas para vivir) puede comenzar cualquier día en que te decidas a vivir de una determinada manera (aquello de una determinada determinación que decía la Santa) y la vida que vivimos es la que tenemos (sólo hay una y no como en las maquinitas que tenemos infinitas vidas) y será nueva en la medida en que te tomes en serio cada día ser consecuente con eso que te has propuesto.

Claro, el problema viene cuando no vivimos proponiéndonos metas ni tomamos la resolución de hacer nada en particular, sino que vamos sobreviviendo más o menos en este mundo que nos va llevando a donde quiere; y , perdonad mi atrevimiento, pero eso no es vida. Es como estar muerto en vida, como vivir para un vicio o una obsesión que te ciega de los demás y de lo demás.

Que no nos engañen: propongámonos metas sanas (deporte, estudio, meditación, amistad, familia, comunidad…) y decidámonos a vivirlo desde ya.
Tal vez así nuestra experiencia vital será eso, vital y no necesitaremos años nuevos ni más fiesta que la que la vida nos ofrece cada día…¿o es que acaso despertar por la mañana no merece una fiesta?. La merece. Si la sabemos ver desde otros ojos: los del interior. Sigue leyendo

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Los 50 días más intensos.

¡Qué nos gusta a los cristianos los golpes de pecho! Nos encanta la Cuaresma, el Adviento, la Navidad…pero la Pascua ¿es que no la hemos descubierto?

La Iglesia nos deja 50 días para celebrar que el Señor ha resucitado (más que en las bodas de algunos amigos míos) y sin embargo hacemos poco ruido (no como en Carnaval que llenamos las calles), hablamos poco del tema (no como de Semana Santa, sus Viacrucis y sus celebraciones), casi se nos olvida que estamos de fiesta (no como en Navidad cuyas dos semanas las vivimos con mucha intensidad.)

Y es que no nos enteramos. El hecho de que Cristo resucitara trasciende toda nuestra existencia y nos transforma, más allá de nuestros mejores sueños, en criaturas celestiales (ciudadanos del cielo), personas inmortales con una esperanza cierta. Si esto no hubiera ocurrido, seríamos los más tontos del planeta.

Así que ¡seamos creativos! Vamos a proponer formas y maneras de celebrarlas, compartámoslas a modo de comentarios, vivamos estos 50 días intensamente hasta que llegue la Era del Espíritu…en la que , por cierto, ya estamos.

Actuemos como lo que somos: invitados al banquete de bodas que bailan toda la noche para acompañar a los novios. Así sea.

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Jesús nos hace la Pascua

Y es que con la Resurrección de Jesús no tenemos excusa: hay que confiar en Dios Padre porque no falla.

En el AT podíamos entrever más o menos las cualidades divinas de Dios, pero con Jesús el mensaje está claro como el agua: Dios es Abba, papaíto. Un papá maduro que no es paternalista sino misericordioso; que no es permisivo sino comprensivo; un padre que no es autoritario sino que nos regala su don más preciado:la libertad.

Con estas características y muchas más nos mostró Jesús a través de su vida cómo era en verdad ese Dios que teníamos allá, en el cielo, y nos lo trajo acá, cerquita nuestra, en nuestro corazón. Lo mostró tal cual es con sus hechos: asequible (en un portal de Belén) , sensible (llorando por la muerte de Lázaro), amoroso (y eso nos mandó: que nos amásemos como él nos había amado), compasivo (como el padre pródigo de la parábola), generoso (como en la parábola de los talentos), agradecido (dando el ciento por uno), sin acepción de personas (“hace salir el sol sobre buenos y malos”) y un largo etc que nos da para toda una vida.

¿Cómo no iban a matarlo? Y después de echar un vistazo a su vida…¿cómo no lo iba a resucitar el Padre? Todo encaja.

Ahora nos toca irnos divinizando pasando cada cosa que hacemos por el tamiz de Cristo. Así sea.

domingo 5 de abril 2015 color

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Se-mana Santidad?

Ya sabemos que la salvación no es algo que se consigue portándose bien, rezando, haciendo cosas buenas, buscando la voluntad de Dios…No.

Si Dios fuera un Dios que nos premiara por nuestros méritos…¡estaríamos listos! Podríamos pensar que no es justo entonces que dediquemos un tiempo de nuestra vida (¿mucho / poco?) a las catequesis, a rezar, a intentar portarnos bien, incluso sacrificando momentos, tiempo, esfuerzo…etc. Porque si Dios no premia estas cosas…¿para qué las hacemos?.

Miremos la vida de Jesús y ¿por qué no? su muerte.

¿Os habéis preguntado alguna vez si Jesús era feliz? Porque a pesar de esas palabras tan conmovedoras, de sus milagros, de tanto esfuerzo , sacrificio… a la hora de la verdad todo fue un fracaso humano: murió solo, abandonado por sus miles de seguidores, traicionado por un amigo, odiado por sus paisanos, proscrito de la Iglesia oficial…

¿Qué sentido tenía entonces tanta entrega, tanto tiempo? ¿Mereció la pena a todo un Dios pasar por ser un hombre para recoger tanta iniquidad? Y en cuanto a nosotros…¿tiene sentido que vivamos una vida de entrega si seguimos a un hombre totalmente fracasado que no recogió fruto alguno en vida?

Y es que la mente de Dios no es como la nuestra.

¿El más grande? El que sirve. ¿El primero? El último. ¿La riqueza? No poseer nada, vivir de la providencia.
¿La salvación? Un regalo.

Ya lo ha dicho nuestro Papa emérito: Se cree en una persona :Jesús.

Nuestra relación con Él, nuestro descubrir sus resortes, el acercarnos a su vida y misterio nos lanza con la misma fuerza (el Espíritu Santo) a llevar la vida que Él llevó. No por el premio, no por el reconocimiento, sino porque en hacer el bien a los demás radica la felicidad; es a Dios mismo a quien se le hace. No hay salvación como recompensa (eso ya está garantizado por la fe) sino una felicidad temporal que nos hace participar de esa Felicidad que disfrutaremos después con Él. Así que ¡claro que Jesús era feliz! Con su vida nos hablaba de las actitudes de su Padre y en cada gesto de amor nos enseñaba qué hacer y cómo vivir felices porque Dios nos quiere felices.

Que en esta Semana Santa nuestra vida sea una fuente de la pueda
decirSE” MANA SANTidAd” porque “no soy yo, es Cristo que vive en mí.”

Así sea.

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Bajar a la Tierra

¡Que bien cuando estamos reunidos con nuestros amigos y amigas, tal vez con nuestra familia y pasamos un rato fenomenal! Desearíamos que nunca terminara ese momento…

Lo mismo les ocurría a los discípulos en el Tabor: ¡Es Jesús en toda su gloria! ¿Qué más necesitamos? Hagamos tres tiendas, quedémonos aquí para siempre…

Qué ingenuos somos. Los momentos buenos de la vida lo son por comparación con el resto de los momentos de nuestra vida; constantemente vivimos anhelando un Cielo y una Tierra Nuevas sin fijarnos en la que pisamos día a día.

Estamos llamados a bajar del Tabor y hacer del mundo que pisamos un lugar más cercano al que disfrutamos cuando vivimos esos buenos momentos de la vida…Y el mejor momento que imaginamos, que soñamos…¿no es estar con Dios viéndolo cara a cara?

Bajemos pues del monte a la tierra de nuestra vida diaria y hagamos en esta Cuaresma del mundo un lugar mejor preparado para disfrutar de la Pascua.

Así sea.

Imagen: www.pirineos3000.com

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La OLA de la Cuaresma

Hoy he leído en un blog que la Cuaresma más que un CAMINO hacia la PASCUA es como una OLA : Oración, Limosna y Ayuno. Y es verdad.

Porque en este tiempo tan bonito, cuando uno ORA buscando sentido a su vida, hace LIMOSNA desprendiéndose de esas cosas que tenemos y nos alejan de los demás, cuando buscamos el bien del otro en vez del nuestro, cuando AYUNAMOS del whatsupp, del móvil, de la tablet y dedicamos ese tiempo a escuchar al vecino, a ayudar a ese que es tan pesado…pues sí, cuando hacemos todo eso (pero con gusto y gallardía, no por hacer) pues es como que una OLA de amor te lleva a coger la mano de Jesús y acompañarlo en esos días tan intensos en la última cena, en el calvario, en el cenáculo ya resucitado…

Todo es gracia. Todo te lleva a Dios como una OLA…

Sólo hay que estar conectado, en actitud, en búsqueda…a tiro.

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